Nunca he sido entusiasta de los festivales.
De hecho, tengo una hermana que ha cruzado países para ver 15 minutos a sus bandas favoritas. Lo cual, honestamente, no entiendo… pero respeto.
Lo que sí entiendo es el potencial de marketing que tienen esos espacios:
Marcas que activan en festivales de nicho están logrando engagement real con nuevas generaciones.
La experiencia no empieza en el escenario, sino desde que eliges tu outfit, compartes el plan y te sientes parte de una tribu. He visto el cuidado, dedicación y estrés que genera la elección de las prendas perfectas, desde meses antes de la fecha del evento.
En 2025, marcas como Nike, Sol de Janeiro o Revolve no solo “están”, sino que crean sus propios festivales.
¿La lección?
Si tu marca quiere conectar con nuevas audiencias, tiene que aprender a hablar su idioma.
Y a veces, ese idioma suena como un ritmo de rock en medio de un campo rural de Cholula a las 3 am.



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