Cuando yo era niño, veía el programa del Tío Gamboín. Una vez leyó la carta de un niño que le pedía algo muy especial:
“Tío, por favor imprime dinero con tu máquina mágica y mándale billetes a mi papá… así ya no va a sufrir cuando va al súper.”
Tenía sentido desde la lógica infantil.
Hoy escucho propuestas que suenan igual de mágicas:
*Cobrar impuestos agresivos a quien no vive en su propia casa.
*Expropiar predios abandonados “para hacer vivienda social”.
*Modificar de golpe los planes urbanos para construir torres por decreto.
*Obligar a notarios a bajar sus costos sin reformar nada del sistema legal.
Todo para “resolver” el problema de la vivienda en México.
Con buenas intenciones, pero sin bases técnicas, fiscales o constitucionales.
Porque la propiedad no se castiga, se protege.
La expropiación no es herramienta de planeación.
Y la densificación no se impone: se diseña, se planea, se financia y se regula.
El problema de vivienda es real, pero no se soluciona con soluciones mágicas.
Se resuelve con visión, no con ocurrencias.
Ese niño del Tío Gamboín tiene las mismas ideas que una egresada de Harvard, hoy en día.



Deja un comentario