El ocaso del crítico: todos opinan, nadie argumenta
Vivimos rodeados de opiniones corcholata: pequeñas, brillosas y sin nada dentro. Son rápidas de abrir, fáciles de tirar. La red se ha convertido en una cantina de pseudoexpertos que confunden opinar con pensar, y publicar con entender. Hoy cualquiera puede ser “crítico”, “analista” o “columnista”, sin pasar por el mínimo ejercicio de reflexión que esas palabras exigían.
Los críticos de cine o TV son un ejemplo claro. Donde antes había análisis de guion, fotografía o narrativa, hoy hay v-logs con thumbnails escandalosos y frases tipo “¡La peor serie de la historia!”. La gente ya no busca una lectura profunda, sino una emoción instantánea. La crítica murió cuando el algoritmo la reemplazó por la reacción.
El análisis musical también sucumbió ante el espíritu corcholata. En lugar de hablar de evolución sonora o contexto cultural, se reduce todo a “lo más escuchado de la semana”. Spotify decide qué vale la pena, y el resto repite. No hay espacio para la reflexión porque la inmediatez ya llenó el envase.
El nuevo deporte nacional: opinar sin procesar
En política, la epidemia es igual de contagiosa. Los “analistas” abundan, pero los argumentos escasean. Viridiana Ríos, por ejemplo, logró culpar a los aztecas de las inundaciones en Iztapalapa, como si los dioses prehispánicos hubieran gestionado el drenaje. Es el ejemplo perfecto de la opinión corcholata: suena ingeniosa, pero no resiste un sorbo de lógica.
Antes, la crítica servía para cuestionar, poner contexto y abrir conversación. Hoy, la rapidez es el nuevo valor intelectual: si se puede decir en 15 segundos y en tono sarcástico, mejor. El problema no es que la gente opine, sino que ya nadie quiere pensar antes de hacerlo.
La opinión corcholata domina porque vivimos sedientos de inmediatez. Pero la verdad —como el buen vino o un argumento sólido— necesita tiempo, estructura y paciencia. Y eso, tristemente, ya casi nadie está dispuesto a servir.

Los críticos la han llamado «Una canción súper revolucionaria, con un sonido fresco y original», sonando como «Summertime Sadness», de Lana Del Rey o «Paparazzi» de Lady Gaga o «She Wolf» de David Guetta.


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