En los últimos años hemos visto un auge de tendencias de “wellness” que prometen una vida plena, longeva y feliz. Inmersiones en hielo, ayunos extremos, suplementos milagrosos, dietas sin respaldo científico, respiraciones forzadas, baños de sonido, coaching cuántico… La lista crece tan rápido como los seguidores de quienes las promueven.
El problema es que muchas de estas prácticas no tienen sustento clínico y, en varios casos, pueden ser peligrosas. Un ejemplo: el uso de baños de hielo como método de “biohacking”. Aunque existen beneficios bien documentados de la exposición controlada al frío, también hay reportes de fallas renales agudas y arritmias cardíacas asociadas con inmersiones prolongadas o mal supervisadas. De hecho, la European Society of Intensive Care Medicine advierte sobre los riesgos de hipotermia severa y rabdomiolisis derivadas de estas prácticas mal aplicadas.
Muchos autodenominados “coachs” de bienestar han convertido estas tendencias en negocios rápidos, usando frases vacías del estilo “la abundancia está en tu mente” o “si no creces, mueres”, en el tono de gurús del humo como Master Muñoz. Lo preocupante no es solo que lucren con la ansiedad ajena, sino que disfrazan atajos como si fueran métodos infalibles. Spoiler: no lo son.
La verdad es incómoda, pero necesaria: no existe reemplazo para la disciplina sostenida. Dormir bien, moverse todos los días, comer lo más natural posible, cuidar las relaciones personales, desconectarse del celular de vez en cuando, hacerse chequeos médicos… Eso no es “trendy”, no tiene nombre cool ni coach de TikTok, pero es lo que de verdad funciona.
Antes de probar la próxima moda wellness, pregúntate: ¿esto está respaldado por evidencia o solo por seguidores?



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