Hace unas horas, cuando apagué las luces en la noche y miré por la ventana, lo primero que pensé fue: “algo recibe visitas y no manda invitación”. Es 3I/ATLAS, cruzando nuestro cielo sin pedir permiso, recordándonos que somos minúsculos frente al universo.

Lo conocemos desde 1 de julio de 2025, gracias al sistema ATLAS en Chile, y su órbita hiperbólica no deja dudas: no pertenece a este sistema solar. Viene de afuera. Y aunque su trayectoria no nos pondrá en riesgo inmediato, ya muestra una cola y emisiones que no esperábamos tan lejos del Sol. Lo ves y sientes un escalofrío: algo tan lejano, tan frío, puede sacudir tu percepción de la vida en segundos.
Y luego está la teoría que no se puede ignorar: el científico de Harvard, Avi Loeb, lanzó una frase que sonó a broma, pero que caló hondo: “toma vacaciones antes del 29 de octubre”. La idea: quizá 3I/ATLAS no es solo un cometa. Tal vez es algo más, algo que no entendemos del todo, algo que nos recuerda que todo lo que damos por seguro es frágil.
Lo que sabemos con certeza: viene de fuera, su composición es rara y no va a chocar con nosotros según los cálculos oficiales. Pero incluso esa certeza es incómoda. La incertidumbre flota en el aire. Algunos científicos sugieren origen artificial, y de repente lo que era ciencia se convierte en especulación. Y esa frase de Loeb… no pensar en dinero después del 29 de octubre… resuena como un presagio silencioso.

Y entonces piensas: ¿Estamos listos para el fin del mundo? ¿O es que secretamente todos queremos sentir ese vértigo, esa sacudida de lo cotidiano? Mirar al cielo y ver que algo entra sin permiso nos recuerda nuestra fragilidad. Nos recuerda que la vida es demasiado corta para vivirla en piloto automático. Que hasta el miedo tiene un propósito: despierta, te hace mirar, te recuerda que existes.
Y aunque cada año a principios de Octubre me burlo de él y de sus fans, no dejo de pensar en la frase de Murakami en 1Q84: «Everyone, deep in their hearts, is waiting for the end of the world to come.»
Quizá esa es la esperanza de todos.
Si resulta real: So Long, and Thanks for All the Fish.
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