Lo disfruté.
Disfruté el juego, aunque terminara como tantas veces: con la garganta rota, el corazón lleno de teorías y esa vieja costumbre mexicana de decir “sí se podía” cuando ya no se pudo.
Disfruté la vibra en la calle. Los videos de gringos y británicos descubriendo que un taco de bistec con salsa puede ser una revelación mística. Verlos tomar una Carta Blanca como si acabaran de encontrar la cerveza más fina del continente. Verlos probar un shot de licor de agave «Azul» como si México les hubiera servido el Santo Grial en caballito de vidrio.
Disfruté a Mora. Disfruté su descaro, su edad imposible, sus jugadas y los miles de memes que generó. Disfruté a Quiñones demostrando algo que muchos todavía no entienden: los mexicanos nacemos donde nuestra chingada gana se nos da. Disfruté a Lira. Disfruté al Piojo. Disfruté a los que dejaron algo en la cancha, porque eso también cuenta.
Disfruté ver a Infantino ser brutalmente abucheado en el Estadio Azteca. Por corrupto, por ladrón, por elevar los precios en el único país que hizo que los extranjeros se sintieran en una fiesta donde todos estaban invitados; por festejar goles de una selección y por lamentarse por un gol de una selección que pasará a la historia como el héroe del torneo. Disfruté verlo repudiado en el Azteca. Porque se llama Estadio Azteca. No tiene otro nombre. Podrán cambiarle logos, contratos, placas y discursos, pero hay nombres que no se negocian. Se heredan.
Disfruté ver a Blanco salir huyendo cuando le pintaron la camioneta y le gritaron “asesino” en la cara. No porque celebre la violencia, sino porque a veces la memoria aparece donde menos la esperan: en una calle cerrada, antes de un partido, frente a una camioneta demasiado limpia para un político y un país demasiado sucio.
Terminó el Mundial para México. Se acabó la música, se apagaron las pantallas, bajó la espuma de la cerveza y volvimos al país que dejamos en pausa durante noventa minutos.
Ahora toca seguir preguntando.
¿Cuánto paga Adidas a las mujeres que bordan las playeras?
¿Dónde están los desaparecidos?
¿Qué mandos de esos «granaderos» que dice Shembaum que ya no existen fueron puestos tras las rejas despues de golpear a las madres buscadoras?
¿Por qué la directora de Protección Civil de la CDMX no ha renunciado después de cuatro muertes?
¿Cuándo vamos a salir a protestar por un país sin educación de calidad, sin medicinas y sin instituciones independientes del gobierno?
¿Dónde está Rocha Moya?
¿Valió la pena tirar el T-MEC por defenderlo?
El futbol no tiene que cargar con todo. Mora no tiene que resolver la tragedia nacional. Quiñones no tiene que reparar lo que rompieron los políticos. Lira no tiene que encontrar a los desaparecidos. El Piojo no tiene que surtir hospitales ni rescatar escuelas.
Ellos estaban para darnos una alegría. Y la dieron.
Muchas gracias, Mora.
Muchas gracias, Piojo.
Muchas gracias, Quiñones.
Muchas gracias, Lira.
Lo disfruté.
Ahora volvamos a preguntar. Porque los problemas siguen aquí. Y esos no se eliminan en octavos.
Cada mundial personalizo mi playera con el 25, (día de mi cumpleaños) y el nombre A.Mancera. Este año no alcancé el 25, así que me tocó el 9 de Raúl Jiménez. Gracias a ti también, porque aun después de romperte la cabeza, fuiste un dolor enorme para cada selección a la que nos enfrentamos.
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