El Gobierno propone un IEPS adicional de 8% a “videojuegos violentos” con el argumento de un fin social. Suena bonito en la mañanera, pero en la práctica es un impuesto a una categoría borrosa definida por moralinas, clichés y prejuicios, y no por evidencia. Además es regresivo: castiga consumo legal y creativo en lugar de conductas delictivas. Y abre la puerta a que mañana alguien (te estoy viendo, Sabina Berman) quiera gravar libros “oscuros” o películas “incómodas”. No es política pública; es teatro fiscal.
Yo juego Call of Duty: Modern Warfare II. En la campaña te sumas a Los Vaqueros—Fuerzas Especiales mexicanas—para enfrentar al cártel de Las Almas, que colabora con un terrorista. Es ficción… sí, pero también es claro que el propio juego muestra a soldados mexicanos profesionales y patriotas enfrentando criminales, no “glorificando” la violencia. En la campaña descubres traiciones, corrupción, asesinatos de leales y traidores… (¿A alguien le suenan las muertes de los marinos involucrados en el Huachicoleo Fiscal?)
Mi POV como jugador: después de un día pesado, una partida me baja el estrés. No salgo queriendo lanzar granadas en la vida real. Y no lo digo sólo yo: la evidencia seria lleva años diciendo que no existe un vínculo causal entre los videojuegos violentos y la violencia criminal. La APA lo reafirmó en 2020 y trabajos como el de Oxford (2019) no encuentran asociación con agresión en adolescentes.
Si queremos un México más seguro, enfoquémonos en lo de siempre que sí funciona: familias fuertes, escuelas exigentes, (no el chiste mal contado de La Nueva Escuela Mexicana), oportunidades reales, policías profesionales y Estado de Derecho, no en parches tributarios que suenan bien y sirven poco.
Dato para cerrar sin vueltas: número de crímenes violentos causalmente demostrados por jugar videojuegos violentos, según la evidencia científica disponible: 0. Puedes encontrar correlaciones con conductas menores de agresión en laboratorio, pero no con homicidios o delitos violentos en el mundo real. Impuestos así no curan lo que no existe.

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