Hace unos días recordaba aquel 25 de marzo de 1998. Oasis en concierto, (justo en el cumpleaños de mi padre), y yo ahí, sintiendo que las canciones no eran solo música: eran conversaciones íntimas con quienes estábamos en la multitud y con quienes no estaban.
Y aunque siempre he pensado que los Gallagher son pésimas personas, sus letras —contradictorias, esperanzadoras, absurdas, profundas— han acompañado a millones. Nos guste o no.
Algunas de mis favoritas fueron soundtrack de mis eventos canónicos. “Supersonic” me lo dijo en un momento tormentoso: “You need to be yourself, you can’t be no one else. You need to find your way, for what you wanna say.” Esa línea es más que un verso: es brújula. La autenticidad como única salida, la voz propia como único camino.
“Don’t Look Back in Anger” siempre me ponía nostálgico y con una pizca de esperanza. Y de forma terrible, lo demostró en Manchester tras los bombazos en el concierto de Ariana Grande: una multitud entera usándola como bálsamo, como grito de resistencia. “Stand By Me” con la promesa de que alguien no te suelta, de esa amistad que sabes que en algún momento te ayudará… y tú a ellos. “Don’t Go Away”, (uno de los primeros himnos migajeros), nos recuerda lo frágiles que son los vínculos y el miedo a perderlos.
En “Stop Crying Your Heart Out” hay un empujón para salir de la tristeza (verás las estrellas algún día). “Talk Tonight” nos recuerda que abrirse, hablar y compartir lo que sentimos con quienes queremos puede ser la diferencia entre perdernos o seguir adelante.
Y luego está “Champagne Supernova”. Para mí, símbolo de esa juventud universitaria donde en la estación del campus, Conexión 15, bauticé mi primer programa de radio como «Extensión Supernova». Esa mezcla de melancolía y grandeza, de nostalgia y sueños, que te recuerda que en algún lugar más allá del caos cotidiano existe algo más luminoso.
De Some Might Say siempre me llamó la atención cómo combina lo profundo con lo absurdo en un verso. Es como si Noel te dijera dos cosas a la vez: “Algunos pueden decir que no creen en el cielo… vé y díselo a los que viven en el infierno…” Esa tensión entre lo serio y lo tonto la hace genial.
Por último, “The Masterplan”. Una canción que parece un susurro y un grito a la vez. Habla de que incluso cuando no entendemos el sentido de las cosas, en plena desesperanza, con todo en contra e incluso cuando parece perdido, hay algo más grande sosteniéndonos.
No voy a estar en el concierto de hoy, ni el de mañana, pero estaré ahí en espíritu: cantando y gritando junto a todos los que irán con el corazón. Porque Oasis tiene esa magia: te hace presente incluso a la distancia. No sé si sea destino, fe, música o la suma de todo. Pero sí sé que algunas canciones nos recuerdan que no estamos completamente solos en la oscuridad. Y eso, en tiempos como los que vivimos, sigue siendo invaluable.

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