Quiero ver una película.
Eso es todo. Comprar un boleto, sentarme, apagar el teléfono durante un par de horas y ver cómo un grupo de tipos vestidos de colores intenta evitar que un señor con capa destruya el universo. Durante buena parte de la historia del cine esto funcionó bastante bien.
Con Avengers: Doomsday, que se estrena el 18 de diciembre de 2026, la cosa empieza a parecerse más a inscribirse a una materia optativa de octavo semestre. Marvel ya confirmó a Robert Downey Jr. como Doctor Doom y como vio que los B-listers no llenan tanto los cines, decidió traer a Thor y a Steve Rogers de regreso. Además llegan los Fantastic Four y varios de los X-Men originales.
La pregunta entonces es bastante sencilla: ¿qué demonios tengo que ver antes? La respuesta corta sería una cantidad ridícula de cosas.
Supongamos que alguien decidió bajarse del tren después de Avengers: Endgame. No me parece una mala estación para hacerlo. Thanos murió. Tony Stark murió. Steve Rogers vivió la vida que soñó y se volvió viejo. Thor se fue con los Guardianes. Once años de historias cerraron razonablemente bien y quedó una sensación de final. Incluso alguien que no hubiera visto absolutamente cada película podía entrar a Infinity War y Endgame con una idea bastante clara de quién era quién.
Ahora quieres regresar para Doomsday.
De entrada convendría recordar The Avengers, Age of Ultron, Civil War, Infinity War y Endgame. Son unas doce horas y media. Hasta ahí no protesto demasiado. Dos días de películas, comida a mansalva y cero contacto con la civilización.
El problema empieza después.
Sam Wilson es ahora Captain America, así que habría que ver The Falcon and the Winter Soldier y Captain America: Brave New World. Bucky también vuelve, pero ahora está relacionado con los Thunderbolts, que terminaron adoptando oficialmente el nombre de New Avengers. Eso te lleva a Black Widow para entender a Yelena, probablemente a Hawkeye para continuar su historia y después a Thunderbolts.
Encima, Thunderbolts termina con una conexión bastante directa hacia los Fantastic Four. Marvel volvió a utilizar su viejo truco: quédate sentado después de la película porque estos tres minutos quizá sean requisito dentro de año y medio.
Ese truco merece una pausa porque Marvel abusó tanto de él que terminó volviéndolo una especie de impuesto sobre la vejiga.
Durante años nos educaron para permanecer en el asiento. Iron Man termina y aparece Nick Fury. Importante. The Avengers presenta a Thanos. Importante. Otras películas dejaron pistas relevantes sobre Infinity Stones, personajes futuros o el siguiente conflicto. Marvel enseñó a millones de personas que levantarse cuando aparecían los créditos era como cerrar una novela veinte páginas antes del final.
Y entonces llegó Spider-Man: Homecoming.
Chris Evans aparece para decirte, básicamente, que eres un pendejo por haber esperado. Qué escena tan profundamente ojete.
Sí, entiendo el chiste. Es meta. Es autoconsciente. Seguramente alguien en la sala de guionistas se sintió brillantísimo. Sigue siendo una mentada de madre.
Porque la gracia funciona únicamente después de que la propia compañía entrenó al espectador para creer que quedarse era necesario. No estás burlándote de una convención ajena. Estás burlándote del cliente por obedecer una convención que tú mismo creaste. Es como si un restaurante te dijera durante nueve años que siempre hay postre gratis al final de la cena y un día, después de esperar cuarenta minutos, saliera el chef a decirte: “¿Ves qué fácil es hacerte perder el tiempo?”.
Ja, ja. Váyanse al carajo.
Lo peor es que después Marvel siguió utilizando exactamente esas escenas para esconder información importante. De modo que ni siquiera podías aprender la lección y levantarte. Alguna de ellas podía ser una estupidez, otra podía contener un chiste y otra podía explicar por qué un personaje de una película de hace veinte años acaba de atravesar un portal interdimensional.
Volvamos a la tarea.
Para entender a los Fantastic Four basta, afortunadamente, con The Fantastic Four: First Steps. Es un grupo nuevo, de otro universo y con una historia relativamente independiente. Su escena posterior a créditos presenta a Doctor Doom acercándose a Franklin Richards, así que ésa sí tiene toda la pinta de convertirse en material de examen.
Luego vienen los X-Men. Los personajes de su universo, con la adición de Channing Tatum que vuelve como Gambit.
¿Qué películas necesitas?
Como mínimo, X-Men, X2 y X-Men: The Last Stand. Pero después Days of Future Past modificó buena parte de esa continuidad, así que conviene verla. Para entender mejor Days of Future Past ayudaría First Class. Deadpool & Wolverine también parece pertinente porque terminó de abrir las compuertas entre el MCU y el viejo universo Fox y contiene precisamente al Gambit de Tatum.
También tenemos The Marvels. Monica Rambeau acaba atrapada en otro universo y despierta junto a una versión alternativa de su madre. Quien aparece a revisarla es Beast, interpretado nuevamente por Kelsey Grammer. Es otro ejemplo perfecto del problema: puedes necesitar una película completa porque cinco minutos al final quizá resulten fundamentales tres años después.
Pero para comprender bien a Monica tendrías que haber visto WandaVision. Para entender a Kamala Khan deberías ver Ms. Marvel. Para completar el contexto está Captain Marvel.
Cada respuesta genera otras dos preguntas.
Y llegamos a Loki.
Aquí sí parece bastante difícil escapar. Las dos temporadas de Loki explican la TVA, las líneas temporales, las variantes y la fractura del multiverso. La primera temporada construye a He Who Remains y la amenaza de sus infinitas variantes. La segunda acaba colocando a Loki literalmente en el centro de las ramificaciones temporales. Hiddleston está confirmado para Doomsday.
Son alrededor de diez horas de televisión y, por una vez, parecen diez horas relevantes.
El pequeño problema es que gran parte de ese esfuerzo estaba destinado a construir a Kang.
Ant-Man and the Wasp: Quantumania tampoco insinuó discretamente que Kang podría importar. Lo presentó como el siguiente gran villano y terminó mostrando un Consejo de Kangs celebrando una especie de convención mundial de Jonathan Majors. Todo apuntaba hacia Avengers: The Kang Dynasty.
Esa película ya no existe con ese título. Ahora tenemos Avengers: Doomsday. El villano es Doctor Doom. Así que el espectador aplicado puede invertir dos horas en Quantumania para estudiar cuidadosamente a un villano que dejó de ser el villano central de la saga. Quizá Marvel reutilice algunos conceptos. Tal vez Doom aproveche el desmadre multiversal. Es posible que la TVA cierre alguna puerta narrativa. Todavía no sabemos cómo resolverán aquello.
Pero hoy Quantumania parece una carretera de seis carriles construida hacia una ciudad que cancelaron.
Y entonces llegamos al verdadero problema: Marvel se llenó de codicia.
Después de Endgame tenía la franquicia cinematográfica más grande de la historia reciente. Podía hacer menos cosas, cuidarlas y mantener al público esperando cada estreno. Disney acababa de lanzar Disney+ y alguien vio aquella gigantesca audiencia como una tubería maravillosa para conseguir suscriptores.
Así que el MCU dejó de estar formado principalmente por películas. Ahora también había tarea.
WandaVision. The Falcon and the Winter Soldier. Loki. Hawkeye. Moon Knight. Ms. Marvel. She-Hulk. Secret Invasion. Echo. Y sí, una serie completa sobre brujas llamada Agatha All Along, nacida de un personaje secundario de otra serie, porque aparentemente en algún momento alguien decidió que para seguir una franquicia de superhéroes sería perfectamente razonable que el espectador también dedicara varias horas a conocer los problemas de un aquelarre.
No estoy diciendo que no pueda gustarle a alguien. Evidentemente tuvo audiencia y sus seguidores. Estoy preguntando algo mucho más sencillo: ¿cuánta gente dijo “chingón, ahora sí voy a pagar Disney+ porque necesito una serie sobre Agatha Harkness para mantenerme al día con Avengers”?
Ésa parecía la apuesta.
Marvel empezó a tratar cada personaje secundario como propiedad susceptible de convertirse en “contenido”. Ya no bastaba con hacer una buena película de tres personajes importantes. Había que mantener funcionando la máquina de streaming durante doce meses. Si alguien había aparecido cuatro minutos y tenía una página de Wikipedia suficientemente larga, posiblemente podía convertirse en seis episodios.
La lógica dejó de ser únicamente narrativa. También había que justificar la suscripción.
Y la suscripción, por cierto, tampoco significa necesariamente que Disney vaya a dejarte completamente en paz. En México existe un plan con anuncios y la propia Disney reconoce que incluso los planes sin cortes publicitarios pueden contener promociones de productos y servicios de Disney, clips antes o después del contenido, patrocinios y otros elementos similares.
Es una pequeña maravilla del capitalismo contemporáneo: pagas para entrar al ecosistema y el ecosistema todavía encuentra formas de anunciarte el ecosistema.
Puedes poner una película de Marvel y recibir promoción de otra cosa de Marvel. Gracias, Mickey. No hubiera sabido que existía Fantasic Four mientras estaba viendo Fantastic Four.
El resultado de toda esa expansión es una enorme cantidad de historias cuyo peso real todavía no conocemos.
Secret Invasion es quizá el ejemplo más evidente. Nick Fury descubre que los Skrulls llevan años infiltrándose entre los humanos. Rhodey había sido reemplazado. El presidente de Estados Unidos declara a los extraterrestres enemigos. G’iah termina con una ensalada absurda de poderes de distintos Avengers.
Eso debería haber cambiado completamente el MCU.
Hasta ahora, parece un martes.
Quizá vuelva a importar. Quizá algún día recuperen todo aquello. Pero hoy puedes invertir varias horas viendo Secret Invasion y llegar a Doomsday exactamente con las mismas preguntas que alguien que decidió ordenar unos tacos y saltársela.
Luego están los hilos flotando por todas partes. El gigantesco Celestial que salió del océano en Eternals. Hercules apareciendo al final de Thor: Love and Thunder. Los Diez Anillos enviando una misteriosa señal desde Shang-Chi. La historia de Moon Knight. Blade asomándose desde una escena. Harry Styles convertido en hermano de Thanos. Personajes que parecían destinados a ser importantes y llevan años estacionados en algún cajón de Kevin Feige.
Nunca sabes cuál va a importar.
Ese es el veneno.
Porque el completista siente que debe verlo todo.
Incluso los Marvel One-Shots vuelven a entrar en la conversación. The Consultant, A Funny Thing Happened on the Way to Thor’s Hammer, Item 47, Agent Carter y All Hail the King juntos duran menos de una hora. Varios son perfectamente prescindibles, pero All Hail the King demostró años después que Marvel puede recuperar cualquier hilo olvidado. Lo que parecía un extra menor terminó conectado con Shang-Chi.
De modo que la respuesta racional, si quieres estar completamente seguro, siempre será la misma:
Ve todo.
Hice una cuenta aproximada. Si partimos de Endgame y elegimos únicamente las cosas que parecen razonablemente útiles para entender a los personajes confirmados de Doomsday, puedes acercarte a unas 50 o 55 horas.
Eso es seleccionando.
Si empiezas a agregar las historias necesarias para comprender completamente esas historias, las películas antiguas de X-Men, las series de Disney+, los antecedentes de los personajes, Quantumania, The Marvels, Deadpool & Wolverine, Fantastic Four, Wakanda, Shang-Chi y algunas escenas que Marvel decidió esconder después de ocho minutos de créditos, te acercas tranquilamente a 80 o 90 horas.
Hay cálculos de fans todavía más estrictos que superan las cien.
Cien horas. Doce jornadas laborales de ocho horas y todavía te sobra tiempo para una película de Ant-Man. Para prepararte para ir al cine. Ahí está la diferencia entre un universo narrativo y una tarea.
Me encanta que una historia tenga antecedentes. Me gusta descubrir referencias. Me parece fantástico que un fan que lleva veinte años viendo X-Men entienda algo que otro espectador quizá no note. Eso recompensa la atención.
El problema aparece cuando la recompensa se convierte en requisito.
Infinity War y Endgame tenían toneladas de antecedentes, pero los Russo comprendieron algo elemental: la película tenía que funcionar como película. Si recordabas quién era Red Skull, su aparición era fantástica. Si no lo recordabas, tardabas treinta segundos en entender que aquel señor rojo cuidaba una piedra y evidentemente no estaba ahí para organizar una tanda donde te toca el último número.
Eso es narrar.
El lore debe enriquecer la historia. No puede convertirse en contraseña.
Doomsday tiene una oportunidad enorme. Doctor Doom permite reorganizar el tablero. Los Fantastic Four llegan relativamente limpios. Los X-Men provocan nostalgia inmediata. Thor sigue siendo reconocible para cualquiera que haya visto las películas importantes. Los Russo conocen perfectamente este universo y ya demostraron que pueden administrar un reparto gigantesco.
También tienen que cargar con seis años de Marvel aventando semillas en todas direcciones porque Disney necesitaba películas, series, especiales, personajes, engagement y razones para que no cancelaras la suscripción.
Algunas semillas crecieron. Otras llevan años enterradas. Varias probablemente murieron. Y al menos una terminó en una serie de brujas.
Quiero ver a Doom. Quiero ver a Magneto. Quiero ver a Nightcrawler y recordar los escalofríos que sentí en la cabronada que fue la escena inicial de X Men 2. Quiero ver a Thor encontrándose con Reed Richards y ver sus reacciones. Quiero saber qué pasa cuando los Avengers descubran que ese señor con máscara tiene exactamente la cara del tipo que murió salvando al universo. Hasta acepto otra ronda de incursiones, variantes y universos chocando entre sí.
Pero cuando se apaguen las luces quiero que los hermanos Russo me cuenten esa historia.
No quiero recordar qué ocurrió en el episodio cinco de una serie que vi medio dormido en 2022.
No quiero hacer una gráfica. No quiero consultar una wikipágina.
No quiero ver antes un video de 98 minutos titulado “TODO LO QUE NECESITAS SABER ANTES DE DOOMSDAY”.
No necesito saber el lore.
Compré un boleto. No voy a preserntar un exámen profesional.
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