La televisión que Monterrey merece

Monterrey produce riqueza; Multimedios produce escándalo en serie. La distancia entre una ciudad industrial y el foro de Es Show no tiene misterio: una televisora encontró una fórmula que vende gritos, pleitos y mujeres convertidas en espectáculo.

Chavana no se limita a conducir a las mujeres del programa. Las hostiga en vivo con comentarios sobre sus cuerpos, su edad y su vida privada. Y cuando los demás las insultan, deja correr la escena. Una columna de AMEXI recogió expresiones como “perra”, “mueve tus pompis” y “ya estás vieja” hechas por hombres en las transmisiones. ¿La reacción de Chavana? Seguir el shor. En 2024, después de una pelea con las conductoras, Chavana las llamó “alzadas y montoneras”. Ese trato no necesita una sentencia para reconocerse en pantalla. Es acoso televisado, normalizado como parte del trabajo.

El episodio del dron lo puso frente a todos. Chavana pateó el aparato y este golpeó a una de las chicas en la cara. El video muestra la lesión, una revisión del labio y la llegada de un paramédico. Chavana pidió disculpas y dijo que se haría responsable. La patada pudo ser contra el dron; el golpe lo recibió ella. Multimedios frótandose las manos ante el escándalo tituló la nota como “Fatal accidente”. ¿Fatal? O en Multimedios son muy pendejos o el público que los sigue consumiendo en Monterrey le encanta que le vean la cara. Después publicó otra pieza preguntando si suspenderían al conductor. Hasta el daño terminó convertido en contenido.

Luego viene la coartada habitual: “es show”. Como si ponerle nombre de entretenimiento borrara lo que se ve. Como si el foro tuviera permiso para humillar, manosear los límites y hacer de una mujer el blanco de la noche mientras el conductor decide cuándo la escena ya dio suficientes clics.

Es Show sí tiene audiencia. Una medición publicada en Hora Cero le atribuyó un pico considerable, aunque los propios datos situaban por encima a otros programas de Multimedios. La televisora conoce el valor de la programación local y en vivo. Chavana no necesita ser el rey del rating: basta con que el ruido sea rentable y la marca siga ocupando la pantalla.

La vulgaridad del programa no describe a todos los regios. Describe una decisión editorial que lleva años premiando la humillación porque llama la atención.

Monterrey puede presumir industria, disciplina y ambición, pero también ha producido una constelación de conductores e influencers —Adrián Marcelo, Poncho de Nigris, Pato Zambrano, Mariana Rodríguez y una miríada de personajes más— que convirtió el escándalo, el insulto y el chisme en marca personal y modelo de negocio. Su comportamiento puede calificarse de dañino en el más suave de los casos. La ciudad se piensa como la élite productiva del país; al mismo tiempo, su ecosistema mediático premia a quienes hacen del pleito su oficio.

La disonancia está ahí: Monterrey financia con atención y reproducciones a figuras que muchos regios dicen mirar por encima del hombro. La riqueza no vacuna contra el mal gusto; a veces solo lo pone en alta definición. Cuando Chavana patea un dron y el aparato golpea a Isabella, Multimedios convierte el daño en promoción. La televisión exhibe así una parte incómoda de su público y de sus dueños: la humillación de una mujer puede volverse un buen negocio con tal de llamarla show.

El dron golpeó a Isabella. Chavana dio la patada. Multimedios decidió empaquetar el golpe como entretenimiento. Llamarle show no cambia lo que pasó. Solo revela qué están dispuestos a vender.

Es momento de dejar que las decisiones pendejas de raitings y clicks determinen que el televidente está condenado a consumir basura.

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