La vida sigue

En 2001, R.E.M. necesitó una alberca, una fiesta, un hombre incendiándose frente al asador, una discusión, una torre de copas, un mono y veinte segundos. Con eso hizo un videoclip de casi cuatro minutos.

Hoy en día Hollywood suele quemar bastante más dinero para conseguir mucho menos.

Imitation of Life, parece mostrar una fiesta californiana llena de pequeñas historias. La cámara recorre el jardín, se acerca a una mujer que canta, abandona su rostro y busca a alguien más. En otro extremo, Michael Stipe baila. Mike Mills sirve vino. Peter Buck toca un ukelele mientras carga un mono. Cerca del asador, un hombre descubre que su tarde acaba de irse al carajo.

Todo parece ocurrir al mismo tiempo porque, en efecto, ocurrió al mismo tiempo.

La materia prima del video dura unos veinte segundos. En el rodaje se usaron doce cámaras Super 8 para registrar distintas zonas de la fiesta y después unió las imágenes en una enorme toma panorámica. Esa secuencia avanza, retrocede y vuelve a comenzar durante toda la canción.

La cámara que sentimos moverse nunca recorrió realmente ese espacio. El movimiento fue creado durante la edición. La acción en cada momento se desplaza por la imagen, amplía una zona, encuentra un rostro y vuelve a alejarse. Cada acercamiento parece un plano nuevo, aunque todo provenga de los mismos segundos.

La verdadera genialidad consiste en haber distribuido una canción de cuatro minutos dentro de una acción de 20 segundos.

Mientras una persona interpreta una línea de la letra, otras ejecutan movimientos pensados para aparecer mucho después. El hombre se incendia, alguien arroja una bebida, una mujer gira, un niño corre y varios invitados continúan con sus propias historias. Todo queda guardado en el mismo instante. El montaje sólo debe llegar al lugar adecuado en el momento preciso.

Es alquinia que convierte el tiempo en espacio.

La canción completa está repartida por el jardín. Una frase vive junto a la alberca. Otra espera cerca de las mesas. El estribillo se encuentra en el rostro de alguien que hasta ese momento parecía un extra. Durante unos segundos esa persona se convierte en protagonista. Después, la cámara se aleja y vuelve a perderla entre la multitud.

Por eso el video soporta tantas repeticiones. Vemos los mismos movimientos, pero nunca observamos exactamente lo mismo. Cada recorrido entrega información nueva. Cuando la secuencia cambia de dirección, también cambia lo que entendemos: el fuego regresa al asador, el líquido vuelve al vaso y una agresión parece convertirse en reconciliación. El mundo se destruye y repara cada veinte segundos.

El espectador termina jugando. Ya entendió el mecanismo y comienza a buscar detalles. Quiere saber qué sucede al fondo, quién estaba detrás de Stipe o por qué una persona cruza corriendo mientras todos los demás aparentan normalidad. El video nunca muestra los veinte segundos completos en un plano abierto e ininterrumpido. Siempre conserva algo fuera de nuestra mirada.

La fiesta ofrece una imagen reconocible de felicidad: sol, alberca, bebidas, gente atractiva y una tranquilidad que duraría para siempre en el folleto de una inmobiliaria. Al acercarnos aparecen el conflicto, la torpeza, el ridículo y un señor en llamas.

Ahí el título encuentra otra dimensión. Aquello es una imitación de la vida. Una celebración fabricada, coreografiada y atrapada en un ciclo. Todos parecen actuar con libertad, aunque cada movimiento fue decidido de antemano. Incluso la espontaneidad tuvo que llegar a su marca y esperar la señal.

La cámara completa la ilusión. Nosotros pensamos que elegimos qué mirar, pero el director ya decidió quién será importante y durante cuánto tiempo. Toda la fiesta existe frente a nosotros. Apenas conocemos la parte que el encuadre permite.

Dave Grohl usó una idea parecida desde otra dirección en My Hero, de Foo Fighters.

El videoclip sigue a un hombre que entra en una casa incendiada. Primero rescata a un bebé. Después vuelve por un perro. Finalmente regresa por una fotografía enmarcada, porque aparentemente todavía le quedaba un poco de capacidad pulmonar y muy poco sentido de conservación.

Grohl, quien dirigió el video, construye la acción como un plano secuencia. Los cortes quedan escondidos entre el humo, el fuego y los movimientos de cámara. Mientras el protagonista atraviesa las habitaciones, Foo Fighters aparece tocando dentro de la casa con la serenidad de una banda que ya cobró por adelantado.

La regla resulta sencilla: seguir al hombre, entrar con él, salir con él y acompañarlo cada vez que decide regresar.

Cada nueva entrada aumenta el riesgo y también el absurdo. Salvar al bebé parece obligatorio. Rescatar al perro confirma el carácter del personaje. Volver por una fotografía lleva la idea hasta un terreno extraño, casi cómico, pero profundamente humano. Después de proteger la vida, rescata aquello que le da significado. Salvaguarda la memoria.

Nunca vemos con claridad el rostro del protagonista. Puede ser cualquiera. La canción tampoco habla de un superhombre llegado del cielo. Dave Grohl la planteó como una celebración del heroísmo ordinario, de las personas comunes capaces de actuar cuando llega el momento.

My Hero avanza siguiendo una misión. Imitation of Life permanece encerrado dentro de un instante. Ambos encuentran una regla visual fuerte y la respetan hasta el final.

Ésa suele ser la diferencia entre una ocurrencia y una gran idea. La ocurrencia alcanza para sorprender durante treinta segundos. La gran idea genera variaciones, sostiene la canción y encuentra un significado que no estaba anunciado al principio.

En My Hero, cada regreso convierte a un desconocido en héroe. En Imitation of Life, cada acercamiento convierte a un desconocido en protagonista. Los dos videos miran a una multitud y eligen a una persona común.

Uno corre dentro de una casa en llamas. Los otros beben junto a una alberca mientras alguien comienza a incendiarse. En ambos casos, la vida continúa y la banda sigue tocando.

Sí. Después de todo lo que hemos pasado en estos meses, necesitaba escribir sobre algo más tranquilo.

Gracias por llegar hasta acá.

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