Soberanas Mentiras.

El Mundial terminó y comenzó otro torneo en el que México suele competir con posibilidades reales de llegar a la final: el campeonato nacional de acomodar cifras.

Durante los últimos días, medios pagados con nuestros impuestos y afines al régimen, como El Sorber-Ano han celebrado la llegada de 7.8 millones de visitantes a las ciudades mexicanas que recibieron partidos. La cifra parece extraordinaria. Equivaldría a llenar unas 95 veces el Estadio Azteca. También permitiría imaginar aeropuertos desbordados, hoteles sin habitaciones, restaurantes llenos y miles de extranjeros recorriendo el país. Sobrepasa con creces las proyecciones de la Secretaría de Turismo que esperaba 5.5 millones de turistas atraídos por el Mundial.

El problema aparece al abrir la cifra.

Deloitte calculó que el Mundial motivó el viaje de alrededor de 494 mil personas. De ellas, 296 mil fueron turistas nacionales y 198 mil extranjeros. La estimación quedó 40% por debajo de los 836 mil visitantes que la propia consultora había proyectado antes del torneo.

¿Cómo pasamos de 494 mil personas a 7.8 millones?

Con una herramienta muy apreciada por cualquier gobierno: mentir con las cifras.

Viajeros, turistas y personas que pasaban por ahí

La Secretaría de Turismo federal informó que Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey recibieron 7.8 millones de viajeros entre el 8 de junio y el 19 de julio.

Viajeros. No turistas extranjeros. Tampoco personas que llegaron a México por el Mundial.

Dentro de esa cifra había 3.3 millones de turistas, definidos como personas que pasaron al menos una noche en el destino, y unos 4.5 millones de excursionistas, es decir, visitantes que permanecieron menos de 24 horas. La Ciudad de México concentró 4.4 millones; Guadalajara, 2.3 millones; y Monterrey, 1.1 millones.

La propia Sectur estimó que alrededor de 1.1 millones de los turistas fueron internacionales. Esa cantidad incluye a todos los extranjeros que visitaron las ciudades sede durante seis semanas, cualquiera que haya sido la razón de su viaje. Negocios, vacaciones familiares, visitas a parientes, escalas, convenciones y viajes planeados desde mucho antes quedaron dentro de la misma bolsa.

El comunicado oficial tampoco presenta una medición pública clara del número de visitantes adicionales frente a un verano normal. Tampoco identifica cuántas personas viajaron específicamente por el Mundial ni explica con detalle si todos los registros corresponden a individuos únicos.

Un pasajero puede aterrizar, tomar otro vuelo, cambiar de ciudad y aparecer en diferentes estadísticas. Un residente del Estado de México puede trasladarse a la capital, asistir al Fan Fest y regresar a su casa esa noche, o a la mañana siguiente, (¡Saludos Omar!). Para efectos turísticos será excursionista. Para efectos políticos puede terminar convertido en parte del ejército de 7.8 millones que supuestamente llegó a conquistar México.

Sectur también reportó 6.4 millones de pasajeros en los aeropuertos de las ciudades sede: 4.2 millones nacionales y 2.2 millones internacionales. Los pasajeros aeroportuarios representan movimientos, no necesariamente turistas únicos. Un viaje redondo genera al menos dos operaciones. Una conexión puede generar más.

La cifra de 7.8 millones describe actividad turística y movilidad durante el periodo. Sirve para medir el tamaño general del mercado. No demuestra que el Mundial haya provocado 7.8 millones de viajes.

El Sorber-Ano puede imprimirla en letras grandes. Eso no cambia su definición.

Deloitte contó otra cosa

Deloitte intentó responder una pregunta distinta: ¿cuántas personas viajaron motivadas por el torneo?

Su respuesta fue 494 mil.

De ese total, 198 mil fueron extranjeros. La cifra quedó debajo de la estimación inicial de 280 mil visitantes internacionales. El cálculo de turistas nacionales también bajó de 556 mil a 296 mil.

La consultora estimó un impacto económico de 2 mil 543 millones de dólares y la creación temporal de alrededor de 101 mil empleos. El gasto vinculado al alojamiento alcanzó unos 328 millones de dólares, 47% menos de lo previsto antes del torneo. Deloitte señaló que el precio dinámico de los boletos limitó la llegada de aficionados y redujo la derrama esperada.

Comparar directamente los 7.8 millones de Sectur con los 494 mil de Deloitte también sería tramposo. Miden universos diferentes.

Sectur contó el flujo general de viajeros en tres ciudades durante seis semanas. Deloitte estimó los viajes provocados por el Mundial. La primera cifra sirve para presumir volumen. La segunda permite evaluar la capacidad real del torneo para atraer personas.

La guerra de cifras nace cuando los voceros y sus medios amigos borran esa diferencia.

Los hoteleros encontraron menos personas que el gobierno

Los hoteles ofrecen una medición menos romántica. Una habitación está ocupada o está vacía. La cama no milita en ningún partido.

Sectur calculó una ocupación hotelera promedio cercana al 66%, con picos de entre 85% y 90% durante algunos días de partido. El dato muestra jornadas fuertes, aunque también confirma que el lleno no se mantuvo durante todo el torneo.

La Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras reportó resultados más modestos. Sus establecimientos registraron ocupaciones de entre 57% y 65%, lejos de las expectativas iniciales de 80% o 90%. Las tarifas subieron cerca de 40% en Ciudad de México y Guadalajara, y alrededor de 30% en Monterrey. Ese aumento ayudó a compensar parte de las habitaciones que permanecieron vacías.

Los hoteleros señalaron varias causas. Los boletos fueron caros. Los paquetes se liberaron tarde. Parte del turismo de negocios evitó las sedes durante el torneo. Algunos grupos reservaron habitaciones con anticipación y después las devolvieron. El sorteo también dejó partidos con una capacidad limitada para movilizar grandes contingentes internacionales.

El Consejo Nacional Empresarial Turístico presentó una estimación todavía menor: unos 175 mil visitantes internacionales relacionados directamente con el Mundial. También pidió conocer la metodología utilizada por el gobierno para llegar a sus cifras.

Los restaurantes tampoco vivieron una fiesta uniforme. Una encuesta empresarial citada por el CNET encontró que 60% de los establecimientos consultados tuvo un desempeño inferior al del año anterior. Siete de cada diez no reportaron un aumento en ventas. En 65% de los negocios encuestados, los propietarios dijeron no haber identificado turistas entre sus clientes; cuando los detectaron, representaron menos de 10% de la clientela.

La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo ofreció una lectura más optimista. Estimó una derrama de entre 45 mil y 50 mil millones de pesos, con ocupaciones promedio de 66% y picos de hasta 90%. También habló de incrementos importantes en tarifas y consumo durante los partidos de México. Su estimación se publicó antes de terminar el torneo y funcionó como proyección sectorial, no como auditoría final de resultados.

Los datos no muestran un desastre turístico. Tampoco respaldan el relato de una invasión extranjera de dimensiones históricas.

Hubo actividad. Hubo días buenos. Hubo tarifas más altas. Hubo negocios beneficiados y otros que vieron pasar el Mundial desde una mesa vacía.

El torneo no vendía viajes por sí mismo

México recibió 13 partidos. Monterrey tuvo encuentros entre Suecia y Túnez, Japón y Túnez, Sudáfrica y Corea del Sur, además de un juego de eliminación entre Países Bajos y Marruecos. La ciudad no recibió ningún partido de la selección mexicana.

Esas selecciones tienen aficionados apasionados. Su poder para movilizar decenas de miles de personas hacia México resulta menor que el de mercados cercanos como Estados Unidos, Canadá, Argentina o Brasil, o que el de grandes contingentes europeos con conexiones turísticas más consolidadas.

Corea del Sur representa un caso particularmente interesante. En la zona de Monterrey viven alrededor de cinco mil ciudadanos surcoreanos, atraídos en buena medida por empresas como Kia y LG. Una parte de las camisetas, banderas y celebraciones vistas en los estadios pertenecía a residentes locales, empleados y familias que ya estaban en Nuevo León. Kia incluso distribuyó boletos entre su personal.

Ese ambiente tuvo valor. También produjo imágenes magníficas. No debe contabilizarse automáticamente como turismo extranjero nuevo.

Un estadio lleno puede estar compuesto por habitantes de la ciudad, mexicanos que viajaron desde otro estado, residentes extranjeros, invitados corporativos y una cantidad menor de aficionados llegados desde el país participante.

La televisión muestra gradas. La estadística turística necesita mostrar pasaportes, noches de hotel, gasto incremental y motivo del viaje.

El Tren Falla esperaba aficionados que nunca llegaron

El gobierno tenía una oportunidad perfecta para demostrar que el Tren Maya podía funcionar como una herramienta turística nacional.

Millones de visitantes llegarían a México. Una parte viajaría al sureste. Los aficionados combinarían los partidos con recorridos por zonas arqueológicas, playas, ciudades coloniales y comunidades mayas. El tren distribuiría la derrama económica hacia estados que no tenían sedes mundialistas.

El propio gobierno promovió paquetes para conectar el torneo con el Tren Maya, hoteles y destinos del sureste. La idea apareció incluso en las conferencias presidenciales, presentada como una forma de extender los beneficios del Mundial a otras regiones.

La realidad descarriló el relato.

Durante el torneo, el director del Tren Maya reconoció que no se había registrado el aumento esperado de pasajeros extranjeros. Los aficionados permanecieron en las ciudades sede. Incluso Cancún recibió menos visitantes mundialistas de los previstos.

El Tren Falla no logró convencerlos de abandonar Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey para recorrer el sureste y disfrutar su proverbial menú de Gansitos y Bonafina.

La broma resulta generosa. La cafetería del tren comenzó ofreciendo paninis, productos comerciales, botanas y paquetes bautizados como “VIP”, servidos con la estética propia de una cooperativa escolar que recibió presupuesto federal ilimitado.

El problema financiero tiene menos gracia.

Durante el primer trimestre de 2026, el Tren Maya reportó una pérdida neta de alrededor de 2 mil 283 millones de pesos, 43.9% mayor que la registrada un año antes. Sus ingresos por boletos y servicios fueron de unos 119 millones de pesos, frente a costos operativos superiores a 2 mil 400 millones. La pérdida promedio rondó los 25 millones de pesos diarios.

El proyecto tenía presupuestados más de 30 mil millones de pesos en apoyos públicos para 2026. Cada pasajero puede comprar su propio Gansito. El contribuyente paga las vías, los trenes, los hoteles, la operación, las pérdidas y probablemente la servilleta.

El Mundial era el escaparate ideal. México tenía atención internacional, vuelos llenos en ciertas fechas y cientos de miles de aficionados buscando experiencias. El Tren Falla no consiguió convertir esa coyuntura en demanda relevante.

Si ni una Copa Mundial logra llevar pasajeros extranjeros al proyecto turístico más caro del gobierno, la pregunta deja de ser publicitaria. Se vuelve financiera.

La cifra correcta depende de la pregunta

¿Cuántos viajeros circularon por las ciudades sede durante seis semanas? Cerca de 7.8 millones, según Sectur.

¿Cuántos fueron turistas que pasaron al menos una noche? Alrededor de 3.3 millones.

¿Cuántos de esos turistas fueron internacionales por cualquier motivo? Cerca de 1.1 millones, según la estimación oficial.

¿Cuántas personas viajaron motivadas directamente por el Mundial? Deloitte calcula 494 mil.

¿Cuántos fueron extranjeros atraídos por el torneo? Deloitte estima 198 mil. El CNET calculó alrededor de 175 mil.

¿Cuál fue la ocupación hotelera? Sectur habló de 66% en promedio. Las cadenas hoteleras reportaron entre 57% y 65%.

Todas esas cifras pueden coexistir. Cada una mide algo distinto.

La manipulación empieza cuando alguien toma la más grande, elimina su definición y la presenta como prueba definitiva del éxito.

México disfrutó el Mundial. Hubo estadios llenos, calles animadas, consumo, turismo nacional y visitantes extranjeros. Miles de aficionados probaron tacos, bebieron cerveza mexicana y descubrieron que nuestro país ofrece mucho más de lo que suelen mostrar las noticias internacionales.

Ese éxito cultural no necesita inflarse.

Una evaluación seria tendría que publicar cuántos visitantes fueron adicionales frente a un año normal, cuántos viajaron por el torneo, cuántas noches ocuparon, cuánto gastaron, qué ciudades visitaron y cuánto costó al Estado generar esa derrama.

También tendría que explicar por qué el Tren Falla, pese a su enorme presupuesto y a toda la promoción oficial, volvió a quedarse esperando pasajeros.

Los gobiernos suelen presumir cada persona que entra a un aeropuerto, cruza una avenida o compra una cerveza como si hubiera llegado desde Seúl únicamente para agradecerles su política turística.

Los hoteles cuentan habitaciones. Los restaurantes cuentan mesas. Deloitte cuenta viajes motivados por el evento. El gobierno cuenta todo lo que se mueve.

Y El Sorber-Ano lo convierte en portada.

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